sábado, 7 de marzo de 2015

EL OSO CRISTIANO

  Iba un ateo convencido y militante paseando por un bosque. Absorto en su belleza, se admiraba de cuanto le rodeaba.... veía la magnificencia del río, la majestuosidad de los árboles, la viveza de las ardillas y el aroma embriagador a Naturaleza viva. Y ensimismado entre tanta belleza, se decía a sí mismo y en voz alta

- Esta belleza infinita no es obra de Dios, el obra de la Naturaleza, de su ley, la Evolución y es un equilibrio dinámico perfecto. 

 Y así seguía en cada paso...hasta que tropezó con una rama. Cayó al suelo y cuando levantó la cabeza, aturdido, vio a un enorme oso pardo que estaba muy cerca y que se había fijado en él. 

  Raudo, se levanto y echó a correr, por que el hermano Oso tenía pinta de estar poseído de un hambre atroz. 

  Corriendo todo lo que sus piernas daban de sí, y viendo que el oso se acercaba cada vez más, vuelve a tropezar con otra rama y cae con estrépito. Viendo que su final estaba entre las zarpas del hermano Oso y su espíritu migraría a la Naturaleza ayudado por las fauces del enorme plantígrado, no pudo por menos que pedir ayuda: 

-Dios... ya se que sería muy hipócrita pedirte ayuda, yo, que soy ateo confeso y que jamás concebí ni admití tu presencia, pero te pediría algo de clemencia...

 En ese momento, todo se paró, el agua del río, el viento, los pájaros, el oso...todo. Y una luz se aproximó al ateo caído diciéndole: 

 -Vaya... dudas de mi existencia, niegas con firmeza que sea el autor de todo cuanto te rodea, y, a pesar de ello, ¿por si acaso?...¡me pides ayuda!...ummmm, bien... te ayudaré, aunque se que ni aún así creerás en mi. Así que pídeme lo que desees. 

 Sorprendido el ateo, medita y le dice a Dios: 

- Ciertamente no puedo creer en ti, por que no sería racional...pero aun así te pido que, al menos, este oso que quiere devorarme lo conviertas en un OSO CRISTIANO. 

 Y Dios se lo concedió. Desapareció la luz, volvió a correr el agua, tornó el canto de los pájaros y el fluir del viento. 

  Hasta el hermano Oso, que ya lo estaba atrapando con sus garras se detuvo. Miró al pobre ateo, con una mirada que se podría decir que era hasta tierna, le apartó las garras, se irguió, alzó su vista al cielo, y juntando las palmas de sus garras, empezó a clamar con voz templada y clara: 

  - ¡¡¡¡SEÑOR....BENDICE A LOS ALIMENTOS QUE VOY A COMER!!!!....

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