martes, 28 de enero de 2014

UNOS QUE VIENEN Y OTROS QUE SE VAN...

 Aznar, Mayor Oreja, San Gil, Ortega Lara, Vidal-Cuadras...todos ellos primeros espadas del PP en su momento, conocidos en muchos sitios por su compromiso con las políticas del PP, gentes de gran valía, si, pero gentes con demasiados años muchos de ellos, gentes que sirvieron bien y con honor, sin duda alguna, pero cuyo momento político pasó y que da la impresión de que se niegan a entenderlo, y, por ello quizás tratan de ejercer una cierta tutela sobre el mismo partido sin darse cuenta de que las situaciones son otras, las circunstancias son diferentes y los actores llamados a dirigir el PP en estos momentos son otros y no ellos. 

 Si algo caracteriza un sistema político en el que los partidos no acuden de manera permanente a la elección de cargos por parte de los militantes mediante las oportunas elecciones internas, elecciones que sean competitivas de verdad, es la existencia de una cierta tendencia al tutelaje moral que algunos pretenden mantener, aun cuando su tiempo político pasó. Y ese defecto causa desazón en las bases de los partidos, dando la apariencia de que esas viejas glorias estarán hasta su previsible defunción tratando de estar de cierta manera presentes en la vida publica, cuando lo que deberían hacer es entender que los tiempos pasan, y que su misión ya está cumplida. 

  Y esa cuestión afecta a TODOS los partidos. Si hacemos algo de memoria y fuésemos al principal partido de la oposición, al PSOE, veríamos como cuando el PP gobernaba en la época de Aznar, y después de las convulsiones sufridas por la retirada de la política de Felipe González, a la hora de aparecer J.L. Rodríguez Zapatero, irrumpieron en ese partido una pléyade de gente joven y nueva que acaparaban cargos y poder. Y esa gente nueva detentaba tal poder que llegaron a constituir el llamado zapaterismo y a arrinconar a los felipistas. ¿Nos acordamos de A. Guerra, Txiqui Benegas, Almunia, Borrell, Narcis Serra, Chaves, Griñán,   de tantos y tantos ex de los Gobiernos de F. González que del poder pasaron a la vida privada y desaparecieron del panorama político?. Bien, aún quedan algunos de esos fósiles vagando por los pasillos de las Cortes, sin papel alguno pero con el sueldo y la actividad impropia para quienes de facto ya están retirados de la vida pública. Y, naturalmente, algunos se niegan a aceptar ese papel que inexorablemente la vida trae consigo. Y deberíamos recordar que hasta el propio Rubalcaba protestaba muy vivamente cuando se sintió marginado.

  Pero dado este hecho, los que temerariamente se lanzan al ruedo a buscar segundas vidas políticas, podrán comprobar con tristeza como la vida política no las da. Al contrario, las niega sistemáticamente y condena al osado al fracaso y como pena accesoria, al olvido permanente, porque se podrá tratar de detener el reloj de la renovación pero jamás se conseguirá detener el tiempo y la profundidad y las personas nuevas de las mismas. Y cuando alguien se mire en el espejo de lo público, aunque cambie de partido, verá sus años pasados, tantos ellos, reflejados en el espejo, o ¿quizás creen que podrán borrar tantos años de fidelidad a un determinada formación política?.  Quizás ellos traten de hacerlo, pero los electores nunca olvidan. Y en política, todos son rehenes de sus hechos y de sus dichos. 

Tal sea este el cruel camino que la lógica de las cosas elige para que la renovación e las estructuras de los partidos se produzca: por el dedo de alguien llegaste, y por la conveniencia de otro te irás de manera implacable. Triste, si, sobre todo si se piensa que los métodos más eficaces y menos cruentos para los egos de las personas están en los sistemas de participación de los militantes a la hora de poder elegir a sus líderes sin manipulaciones desde las cúpulas,

  ¿El resultado de esta irrupción de personajes del PP que ahora están en el candelero?. A efectos prácticos, ninguno, salvo algún chorro de tinta los primeros días y lo anodino en lo sucesivo. Pero nada más. Así que la vida, en esa formación, sigue sin sobresaltos...menos para los medios de comunicación. Y es que de algo tendrán que escribir, ¿no?. 

  Saludos cordiales. 

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