lunes, 4 de marzo de 2013

CRISIS ECONÓMICA...¿Y CRISIS SOCIAL TAMBIEN?

 Uno de las consecuencias de esta crisis que padecemos es la constatación de que, aparte de las dificultades económicas generalizadas, bien visibles para todos como para tener que explicarlas, además, y quizás por eso misma causa, esas dificultades trascienden de nuestros problemas personales, afectando a empresas, actividades profesionales, Instituciones Públicas y privadas e iniciativas de lo más diverso,  Instituciones e iniciativas que, en mi opinión, son los termómetros que marcan el nivel de pujanza de una sociedad. 

 Las Instituciones: La Justicia, los Partidos, las Asociaciones Patronales, las Administraciones Públicas... todas Y. todas ellas están en la senda de la austeridad, el la tesitura de demostrar su utilidad y los gastos que esa utilidad  conlleva y en un deseo de racionalización de esos medios o de correr el riesgo de  desaparecer, simple y llanamente. Y junto a esa obligatoriedad marcada por la carencia de dinero, está la de la mirada escrutadora extrema sobre el uso hecho con los antaño alocados recursos que poníamos su disposición, con la alegría del nuevo rico y sin los controles eficaces necesarios. Como es lógico, esos casos de corrupción actúan como al sal en la herida en una sociedad que está viviendo no en la estrechez, si no de las estrecheces, de modo que a cada Euro con mala procedencia,  exigimos que se compren 1.000 Euros adicionales de indignación y gritamos a esas Instituciones que nos rigen y representan que adopten - que COMPREN, valga la metáfora- 10.000 Euros de sanciones y muy severas y ejemplarizantes. Lógico. Y conveniente, ya que soy de la opinión de que un solo Euro ilegítimo es un precio demasiado alto para toda una sociedad como para no perseguirlo y con saña, además.

  Como consecuencia de lo anterior, nos encontramos no solo en medio de unas enormes dificultades personales y laborales. Nos encontramos, además, en medio de una crisis de la Sociedad como tal, en la que no queda Institución que en una medida u otra no está puesta en candelero de la duda. Monarquía, Gobierno, Oposición, Autonomías Judicatura, Sindicatos, Patronales, empresas...¿que más queda?. Y juntemos aquello que, no siendo corrupción, si  es creador de malestar notable: cuando se busca la eficacia, el ahorro y la racionalización, se recortan pretendidos derechos, Reclamamos austeridad  y eficacia con nuestros impuestos, pero no queremos que nos toque ese puesto de trabajo que nos da de comer y que, a lo mejor, es muy poco productivo. Queremos medidas que nos saquen de la crisis, pero sin aceptar el hecho de que esas medidas supondrán dolorosos sacrificios. En su lugar decimos demasiadas veces: ¿por que no empiezan por otros sitios?. Y esos sitios, al final se quedan en los 100 millones de Euros a quitar de los lugares comunes de siempre: sueldos a parlamentarios, cargos públicos u organizaciones...cuando el problema es que tenemos que ahorrar el equivalente de 20.000.000.000 de Euros, que es el desajuste del déficit. Malas cuentas. NO cuadran.

  Pero junto e esa realidad acusadora, junto a ese deseo de escrutar a todos y por todo, junto a ese deseo y derecho de buscar culpables a estos hechos ciertos que padecemos, corremos el riesgo de cometer el mayor despropósito que nadie pudo cometer: el de quedarnos sin referentes.  Una Sociedad es la base de una Nación Y una Nación sin referentes, es una Nación que vivirá en la zozobra, que carecerá de futuro y que vivirá un presente donde la ilusión, la fe  en algo y la esperanza en superar este aciago panorama estén arrinconadas en algún oscuro lugar de nadie sabe que parte. 


  Y ellas son la esperanza, la tabla de nuestra salvación. Sin fe, sin ilusión, no abra esperanza alguna. Y esta crisis, que todos denominamos económica, es ADEMÁS, una crisis de CONFIANZA. Pero confianza no solo en los demás, si no en nosotros mismos y nuestra capacidad de buscar soluciones.  No gasto por que no tengo...pero si tuviese, ¿para que gastar si todo está mal?. Ese es el aforismo en el que estamos instalados de manera permanente. Y en ese aforismo, no hay esperanza, solo dolor. Y junto ese dolor, como en los advenimientos de las catástrofes, aparecen los vendedores de remedios tal fatuos como falsos: cambiemos la Constitución, eliminemos la Monarquía, suprimamos los partidos políticos "tradicionales", cambiemos todo en definitiva y potenciemos el movimiento asambleario, si, ese donde todos gritan , nadie habla y donde el tiempo hace que cada cual sea de su propio partido personal y nadie represente a nadie. Con esos mimbres ¿que cesto podemos hacer si  no algo disparatado?. Y  es en ese cesto, ni más ni menos que tiene que alojarse nuestro futuro. ¿Merecerá la pena hacerlo bien y a conciencia para dure y proteja el mejor de nuestros intereses?.

  Y como consecuencia de esta situación, han surgido una serie de actitudes que creo muy interesante el remarcar. ¿Dificultades económicas personales o familiares?. Pues surge la solidaridad familiar, verdadero colchón sobre el que descansa este ajuste. Y junto a el, y para todos, algo que nunca creímos que pudiera ser: la AUSTERIDAD. Por necesidad, por obligación o por conveniencia, hemos asumido que incurríamos en una pléyade de gastos de los que se podía prescindir, máxime cuando la supervivencia de cada cual depende de ello. Y junto con la austeridad, también está tomando carta de presencia la SOLIDARIDAD, si, la de ese entorno próximo y más amplio que el de la familia estrictamente: amigos, conocidos...gentes de nuestro entorno, concienciadas con la misma situación que todos padecemos y que nos iguala en el dolor..y en la escasa riqueza, en este caso. 

  Por que entandamos bien una cosa: la solución de la crisis la tendremos que encontrar nosotros solos. Nadie nos ayudará, y menos aún, nos permitirá excesos o debilidades. Frases graciosas como esa que oí a un periodista "concienciada" en lo social, la de  la aplicación de "políticas austerizidas", no dejan de ser una caricatura a la hora de entender que digamos lo queramos, solo tenemos una salida posible y esa salida pasa por el sacrificio. Pero, al mismo tiempo, sabemos que como Nación podemos hacerlo. Y no es la primera vez que lo hemos logrado. Y sabemos que cuando entre todos seamos capaces de criticar menos y confiar más en nosotros mismos y en nuestros conciudadanos, de gritar menos y trabajar mejor, cuando veamos y comprendamos que ese es el único camino,  a base de esfuerzo, solidaridad y austeridad, veremos como la confianza vuelve a nosotros y con ella el consumo, por pequeño que sea este. Y con ese consumo, el empleo y la inversión. Y con ellos, la ruptura de este círculo infernal en el que nos encontramos. 

  Luego la solución está en nosotros, no allende nuestras fronteras ni mediante experimentos políticos disparatados. Así que solo nos falta la firme voluntad colectiva de ponerse a la faena, no con pesadumbre, si no con fe: PODEMOS HACERLO. Luego ¿a que esperamos?.

   Saludos cordiales.

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