lunes, 25 de febrero de 2013

EL EXCESO DE CONOCIMIENTOS ¿NOS HACE LIBRES?

  Tiempos nuevos, tiempos de cambio, tiempos de la información. Nunca en la Historia de la Humanidad se ha tenido acceso a esta información de manera más extensa, directa e inmediata como hasta ahora, y, además, y eso es lo revolucionario de todo, esa información llega a todas las capas sociales, sin distinción de ideologías, credos o condición económica de cada cual y con el marcado carácter de la inmediatez junto con un coste económico prácticamente inexistente

  Si hacemos un repaso somero a lo largo de la Historia sobre este aspecto de la condición humana, veremos que si algo caracterizaba a la información era su carácter selectivo, circunscrita algunos privilegiados, las élites cultas y que coincidían siempre con las clases dominantes de la sociedad, que, así mismo, eran las más poderosas. Y era desde ellos y por capilaridad hacia abajo, hacia los de clases cada vez menos poderosas, la manera que tenía de ser llevada esa información al conocimiento de las mayorías, siempre exiguas y de manera fácilmente manipulable. El pueblo, pues estaba ayuno siempre de elementos de información o lo que es lo mismo, de conocimiento de la que si disfrutaban esa élites.

  La revolución industrial, no solo cambió drásticamente la Historia de la Humanidad, con la aparición de nuevas clases sociales, el carácter  más urbano de la sociedad y la producción en cadena, esto es, masiva. Contribuyo a afianzar el concepto de opinión pública, permitió el acceso directo por parte de la mayoría a las fuentes de conocimiento y permitió tomar un protagonismo al individuo como tal y al cuerpo social como conjunto. Porque una de las consecuencias de esa divulgación de conocimientos, esto es de información, y su cada vez más accesible coste económico,  era el abrir las puertas a capacidad del individuo para poder conocer, base de toda acción humana trascendente. Y el caso más típico es el de los libros: de ser objetos exclusivos del conocimiento y de arte, al mismo tiempo, prohibitivos para la inmensa mayoría de los mortales, y, en consecuencia, limitados sus conocimientos a unos pocos lectores, se troca en una abaratamiento cada vez mayor e imparable de los mismos para cada vez más gentes. Y más gentes accediendo al conocimiento, es más gente capaz de concienciarse, de tomar postura ante diversos temas, en definitiva de ser libres.

  Pero al mismo tiempo que este fenómeno tomaba posesión como virtud de la escena del saber de la humanidad, aparecía su pecado. Pecado, por que el conocimiento, sea el que fuere, requiere esfuerzo, contraste, estudio y asimilación crítica. Por tanto, requiere de esfuerzo, de tiempo y de voluntad. Junto a las grandes obras o noticias del hacer humano, aparecieron ediciones resumidas, breviarios, informaciones condensadas, casi eslóganes, formas mediante las cuales una determinada idea o noticia pudiera llegar fácilmente a los ciudadanos, pero con el defecto de que si ese mismo ciudadano, después, de manera sosegada, no profundizaba sobre el asunto tratado, renunciaba a poder conocer en su máxima amplitud el contenido de ese conocimiento, idea o noticia. Ahorraba tiempo, si, pero a costa de la veracidad, precio en mi opinión demasiado caro para alguien que desee ser libre. 

  Y los tiempos han agudizado aún más este aspecto. Nunca se ha tenido más acceso a la información, la que sea, que hoy, y nunca se ha podido conseguir más barata que ahora. Y de manera más rápida, en tiempo real estrictamente. Pues bien. Nunca como hasta ahora se ha visto mayor desinformación. Y por dos motivos: el primero, por que la información que nos llega es inmensa cada día, y no hay capacidad humana para poder no ya contrastarla, si no, simplemente captarla. Pero, y en segundo lugar, nunca se ha dedicado menos tiempo por parte de los ciudadanos a analizar, ampliar o complementar esa información. En un mundo con prisas, ¿perder el tiempo en estudiar detenidamente algo?. Por que entender, insisto, es estudiar. Y estudiar, es dedicar más tiempo a esa idea y no a otras actividades más remuneradas o placenteras. 

  Luego si antes la información, o mejor, su difícil acceso, eran las cadenas que ataban a la mayoría los hombres a un destino nada brillante, luego por inanición cultural carecían de la capacidad consciente de cambiar su destino, ahora, por excesiva abundancia de la misma puede encadenarlos firmemente a la parcialidad, a los estados de opinión a la manipulación y al exacerbamiento en definitiva a la precariedad. Si Goebbels  inventaba batallas que jamás existieron para manipular a una nación, ahora son los rumores y las toma de postura sobre los mismos los que nos alejan de la realidad.

   Juzgamos demasiadas veces sin haber buscado cada elemento que pudiera dar luz a nuestro juicio, adoptamos posturas firmes en breves momentos y no después de la reflexión, perdemos el tiempo demasiadas veces en leer detalles concretos o morbosos de algo pero sin acceder lo substancial, y con la misma rapidez con la que temamos posturas sobre algo, pasamos a la siguiente cuestión sin más. En vez del estudio detenido de algo, se buscan solo similitudes y elevamos a categoría de trascendente lo que a lo mejor es trivial. ¿Nos damos cuenta de que esa manera de asimilar la información no hace esclavos de la parcialidad y, en demasiados casos de la sectariedad, y, en consecuencia, nos hace más manipulables?. Por que si antes hacía falta unos cuantos activistas e ideólogos para ello, ahora somos todos nosotros esos activistas e ideólogos. Y si antes la presión de la opinión pública era casi el mandato de la opinión publicada, grave asunto, ahora, quizás seamos víctimas de corrientes psicológicas, de estados de ánimo colectivos de lo "novedoso". Y eso siempre, restará veracidad a nuestros conocimientos.  Y con esa pérdida de veracidad se pierde la capacidad de poder defender algo mediante la razón basada en el conocimiento profundo de las cosas y no en meras poses, caducas como las hojas de los árboles en el otoño. 

  Signos de los tiempos. Esperemos que la RAZÓN ponga sus medios para que todos seamos permeables a sus sabios consejos. 

 Saludos cordiales.  

 

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