lunes, 10 de diciembre de 2012

¿CREEMOS EN LAS AUTONOMÍAS?

   He esperado unos días a que pasen los fastos y las fiestas que conmemoran el aniversario de nuestra Constitución para opinar sobre ella. Y la razón primordial de este retraso es el de poder leer las opiniones que sobre ella se vierten por parte de las más dispares procedencias: periodistas, políticos, constitucionalistas,  empresarios, trabajadores,. en definitiva, por parte nuestra, de los ciudadanos, origen y destino de las libertades y normas de convivencia que nos damos a nosotros mismos para nuestra paz y progreso. Luego a todos nos atañe la salud de la norma máxima de nuestra sociedad.

  Y, como era de esperar, en estas fechas las encuestas hacen sus estudios sobre una sencilla pregunta: ¿ESTÁ Vd. CONTENTO CON LA CONSTITUCIÒN ESPAÑOLA DE 1978?. Y, como añadido, las consabidas preguntas sobre aquellos aspectos que merecerían ser corregidos, modificados o suprimidos. Los resultados, una vez más, inciden machaconamente sobre los mismo: el descontento cada día mayor con ese Título VIII  "De la Organización Terrritorial del Estado". Nadie está contento con esa redacción, y menos aún, con los resultados que, después de treinta y cuatro años hemos podido comprobar.

  Y esa comprobación contrastada por los hechos y padecida por nuestros bolsillos es la que nos hace cada día más proclives a su modificación drástica para unos y, cuando menos,  muy severa para la gran mayoría. Origen de los desmanes económicos más notables de nuestra Patria, propensa a desuniones de lo que solo debe ser UNA UNIDAD, y no la suma de diez y siete "cosas", se convirtió en el refugio de gentes sin futuro, gentes de aluvión que viendo la oportunidad única de poder meter cabeza en algo sin méritos para ello, no estarán dispuestas en modo alguno a dejar lo que ha sido su manera de prosperar, convirtiendo lo que era una descentralización administrativa en la vuelta a los Reynos de Taifas. 

   ¡Que poco estudiamos la Historia de España, que repetimos esa triste experiencia medieval!. Pero peor aún es que recordemos tan poco lo acontecido en el último siglo y medio, o en  la I República,  cuando se declaraban "independientes" pequeños municipios, teniendo como imagen que se recuerda el disparate cómico de Cartagena. Broma esta del cantonalismo decimonónico que acaba con la intervención del General Martinez Campos en Sagunto, en el año 1873. Y no contentos con el ridículo de esa estupidez, volvemos a las andadas con la II República, en el año 1936-1937, cuando Asturias y León se declaran independientes y lo comunican a la Sociedad de Naciones (me imagino que la carcajada sería de antología, salvo por el hecho de que estaba bañada por la sangre que a raudales se derramaba en una Guerra Civil especialmente cruel), o cuando los "Comités" locales hacían de cada Municipio donde esa plaga  se posaba, unidades emisoras de dinero, por ejemplo.  No aprendimos bien la lección. Y pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla, siendo el aprendizaje más duro cada vez que se repite esa lección.

  Nos equivocamos una vez más a la hora de afrontar la organización territorial de España. Y nos equivocamos de entrada cuando, en vez de decir simplemente ESPAÑA, y estar orgullosos de ello, se recurría de manera vergonzante al vocablo "Estado", siendo algunos "valientes de salón" los que, con la voz baja y sonrojados osaban pronunciar la palabra maldita, ESPAÑA, verdad de hermosura sin igual en su simple desnudez, prístina y sencilla. En su lugar la vestían con ese andrajoso y deslucido traje de "Estado Español". Y aún había quien simplemente se olvidaba el nombre de esta tierra antigua y original que admiraron tantos durante milenios para encontrarse en su estupidez más cómodos  -y cómicos-, refiriéndose a ella como "ESTE PAÍS", a secas, como si de una fulana por ellos frecuentada se tratase. 

  Reformar el Título VIII, si. Pero es difícil, complejo y lento. Y además, es tarea en la que se encontrarán demasiadas voces interesadas, no solo de políticos preocupados no en esos territorios, si no en el disfrute de las prebendas que ese poder absurdo reparte generosa e indebidamente. Además, se encontrarán con la oposición de esos "intelectuales" profesionales del absurdo o esos comunicadores de la nada, "defensores" a ultranza no de la verdad...si no de las sabrosas subvenciones que cada Autonomía reparte con la alegría de quién da algo que no sale de sus bolsillos, o a los descubridores de "realidades nacionales" preexistentes y a la búsqueda de los "hechos diferenciales o particulares", eufemismo tras el que se esconde la búsqueda vil de todo aquello que pueda contribuir a separarnos . Y es que la cuenta de resultados unos y las tertulias pagadas, naturalmente para otros son  más importante que esas razones vagas y para ellos carentes de valor que  los ciudadanos definimos con una palabra sencilla y fácil de entender: SENSATEZ. Y es que la sensatez es la asesina de sus mezquinas miserias, y por eso no la frecuentan.

   Así que tarea tenemos por delante. Y nada cómoda si la unimos a la crisis económica que nos azota. Pero indudablemente, cuando tengamos claro que la crisis se supera, deberemos afrontar este desastre, o ese desastre se enfrentará con  todos nosotros hasta nuestra miseria total. 

Así  es de claro y así de sencillo.

Saludos cordiales.



 

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