sábado, 21 de julio de 2012

Cuando los gestos hacen iguales a las personas



  Hay veces en que pequeños detalles igualan a los seres humanos. Y no precisamente dando ejemplo. ¿Hemos elegido a nuestras figuras públicas, las que nos representan en los distintos ámbitos de la actividad de nuestra sociedad, para estas cosas?. 

   Cobrar, cobran. Mucho o poco, y nos parecerán justificados o no sus salarios. Es discutible. Pero desde luego, no los elegimos para que nos abochornen. Y ese es un detalle que indica hasta que punto está degradada nuestra vida pública española en demasiados casos. 

  Estos personajes que cobran del dinero público, no solo deben obrar de manera que sus servicios sean los más eficaces en la defensa de nuestros intereses como ciudadanos. Además, deben servir de ejemplo. Y desde luego, las peinetas no lo son.

  Y no dudo que hay momentos en los que la presión del momento puede a las personas. Todos nosotros sabemos que existen. También para ellos. Pero ellos, aún en esos momentos, deben saber guardar esa compostura que marca la diferencia entre los que comprenden el papel que desempeñan y los que entienden las discrepancias políticas como una mera forma de entrar en la algarada. Y deben entenderlo, por que NOS REPRESENTAN A TODOS, no solo a una parte. 


Y un personaje público, al servicio de los españoles, defiende o debería defender los intereses de TODOS los españoles, no solo los de un determinado sector. Nadie les eligió para que con sus sandeces ayuden a que nos enfrentemos. Y menos aún, en las actuales circunstancias.

   Y esa es la diferencia esencial del político serio y el agitador de feria pequeña. El primero, aún el los momentos más tensos, guarda las maneras, es exquisito en la formas y firme en sus convicciones. Entiende que es la persuasión, el diálogo, la sensatez, en definitiva, el camino único que se puede seguir para ejercer con dignidad ese papel. El otro, el agitador, a duras penas logra salir de la pancarta, su discurso es solo el grito y su herramienta esencial, la descalificación y el insulto. 

  Y deben entender que no están allí donde están para llevar sus animadversiones hasta el punto de el insulto personal. Para eso, quedan tranquilamente en un sitio privado y se dicen en él lo que estimen oportuno. Sin testigos.  Están donde están para que, aunque sea hasta la extenuación, pacten como sacarnos de este infierno en el que estamos metidos. Y nos da lo mismo a que tengan que renunciar. Y si no son capaces de llegar a esos pactos, que se vayan a sus casas. No les necesitamos para nada.

   Pero parece que se les olvida. Y a nosotros también se nos olvidará el no votarles más. 

   Ese es el drama de los congresos a la búlgara, donde todo está atado y decidido antes de que los que nominalmente deberían elegir, hayan abierto la boca, y se cuelan de rondón estos elementos, muchos de ellos, profesionales de la política sin recorrido alguno en la sociedad civil a la que pertenecemos. Y las consecuencias son estas: seguirán ahí.. .por que el aparato de cada organización así lo desea. Aún a costa de nuestros deseos. 

   Y así nos va: de esos polvos...estos lodos. Hasta convertir la vida pública en una ciénaga. Y lo malo es que la pagamos todos con nuestros impuestos. 

   ¿Hasta cuando?. Espero que hasta pronto. Por que la paciencia se agota, y las tonterías de algunos también dejan de hacernos gracia. 

   Saludos cordiales.